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AÑO DE 1563. WYNGAERDEN

Vista de la Ciudad de Toledo, entrando por la Puerta de Bisagra. Imagen completa

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La Urbs Regia de los Visigodos

Hacia el año 400 se celebra en Toledo el I Concilio de Toledo. “Toledo no era entonces una ciudad pequeña y en decadencia, sino más bien todo lo contrario, como parecen atestiguar los hallazgos arqueológicos y el temprano arraigo del cristianismo, siempre vinculado a los centros urbanos más destacados. Frente a otras ciudades cercanas, en Toledo se mantuvo una creciente actividad durante los siglos IV y V, lo que supuso que cada vez destacase más y que su influencia se extendiera sobre un territorio cada vez más amplio del centro de la Península.

Tras su asentamiento en la Península Ibérica, al ser derrotados en Vouillé en el año 507 los visigodos durante varios años no tienen sede fija. Hasta que Hispania, en su mayor parte no estuviese conquistada no establecerán una ciudad como sede permanente de su poder. “Y esa ciudad habría de ser Toledo, aunque bien es verdad que de la misma, desde que en ella se celebró el I Concilio hacia el año 400, durante el siglo y medio siguiente no se tiene noticias documentales”. Hay constancia documental de una cierta permanencia en Toledo en el año 546 con la promulgación de la llamada ley de costas procesales del rey visigodo Teudis. La mención de Toledo en la ley no es casual sino que indicaba la fijación de la corte con su aparato administrativo y su cancillería en la ciudad. Y ello con un carácter de permanencia y estabilidad.

Toledo se convirtió en la urbe regia, residencia de los reyes, de la corte y de la administración. En la ciudad se instauró el Oficio Palatino, órgano central de la administración del reino y de la casa del rey con diversas secciones cada una de ellas encabezada por un conde personaje del sector noble y que contaba con la confianza del rey.