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HALLADO EN LA VEGA BAJA UN COLGANTE VISIGODO DE ORO. LOS ARQUEÓLOGOS INVESTIGAN SI PUDO PERTENECER A UNA CORONA VOTIVA

TOLETUM VISIGODO. 4/4/10
HALLADO EN LA VEGA BAJA UN COLGANTE VISIGODO DE ORO. LOS ARQUEÓLOGOS INVESTIGAN SI PUDO PERTENECER A UNA CORONA VOTIVA

Toledo, 04.04.10. Los trabajos de examen de los materiales recuperados en las excavaciones de la Vega Baja de Toledo continúan aportando datos y hallazgos de indudable valor e interés, que no hacen más que confirmar la importancia del yacimiento para el estudio del periodo visigodo.

Una de las últimas piezas objeto de investigación es un pendeloque -posiblemente un pendiente o colgante- fabricado en oro sobre una gema de tipo amatista. La pieza, aunque algo deteriorada por el aplastamiento sufrido durante siglos de enterramiento, se encuentra casi completa. Es similar a otra descubierta en la campaña de 2008, de la que ya informó Toletum Visigodo, que únicamente contaba con la piedra semipreciosa y el engarce de oro.

Aunque los arqueólogos deben cerrar sus trabajos de documentación e interpretación del hallazgo, se observa un gran paralelismo con los colgantes que ornamentan las coronas votivas visigodas. De hecho, al compararla con los pendeloques, por ejemplo, de la corona de Recesvinto y otras similares, se aprecian las mismas partes e idénticos patrones de fabricación y composición. Como las pertenecientes al tesoro de Guarrazar, el hilo grueso de oro tiene forma de gancho en su parte superior para colgarlo, presumiblemente, bien de la estructura principal, bien de las letras que pendían de ella, y atraviesa por su centro la gema de cuarzo amatista. Este tipo de composturas ya aparecen referenciadas en el artículo “El estudio de las gemas del Tesoro perdido de Guarrazar”, de Juan S. Cozar y Cristina Sapalski, del Instituto Gemológico Español.

Otra hipótesis es que pudiera tratarse de una joya de adorno personal, lo cual tampoco sería descartable por las características del lugar en el que apareció.

Zona prolífica en hallazgos de alto valor histórico

El colgante se encontró al final del periodo de excavación de la campaña de 2009 en el área de denominada 30.000, situada en paralelo a la Avenida Más del Ribero. Esta zona, además de contar con importantes estructuras de edificios, se ha decantado como uno de los espacios del yacimiento con mayor profusión de piezas de especial relevancia. Es aquí donde se recuperó el “tesorillo” de las 30 monedas de oro con efigies de varios reyes godos, así como la hebilla y la pizarrilla visigoda con anotaciones, posiblemente comerciales. Este material se incluye en la exposición “El Territorio de la Vega Baja”, abierta desde marzo en el Museo de Santa Cruz, de Toledo.

Fruto de los conocimientos que ofrecen las excavaciones de la Vega Baja se podría señalar que, posiblemente debido a la posición elevada de esta zona y, por tanto, a su dominio visual sobre el resto del territorio, se levantaron edificios de cierta importancia con patios de enormes dimensiones que podrían albergar a un amplio número de personas. Está por determinar si la utilización de estos edificios era de carácter doméstico -unidades familiares grandes-  o administrativo. De lo que no cabe ninguna duda es que su construcción y ocupación corresponde principalmente al periodo visigodo. 

En cualquiera de los casos, tanto por esas estructuras como por el carácter de los materiales que se van desenterrando, parece obvio que quienes habitaran esos edificios podrían pertenecer a una clase social alta o formar parte de la administración civil o eclesiástica de la época.

El pendeloque hallado en la Vega Baja añade más solidez a la hipótesis histórica de que buena parte  los tesoros visigodos, como el de Guarrazar, pudieron ser confeccionados en la Ciudad Regia de Toledo.  A los historiadores no les cabe duda de que Toledo era una de las cecas del reinado visigodo, donde además de acuñar monedas, seguramente, los orfebres trabajarían el oro para confeccionar joyas de gran valor como las coronas votivas y otro tipo de alhajas. Para alimentar esta teoría basta señalar que en campañas arqueológicas anteriores se encontró un crisol en el que todavía, trece siglos después, quedan restos de oro en sus bordes.

Las coronas votivas. Breve reseña histórica

El tesoro de Guarrazar se descubrió en el siglo XIX, cerca la localidad toledana de Guadamur, en un escondrijo de la cámara lateral de una iglesia, se dispersó en el comercio de antigüedades, e incluso un platero toledano llegó a fundir el oro de las joyas. Algunas de sus mejores piezas permanecieron durante casi un siglo en París, hasta la recuperación para el Museo Arqueológico Nacional gracias al intercambio realizado con Francia, en 1941, ante la amenaza de expolio de obras de arte por los nazis en la II Guerra Mundial. Otra parte había sido vendida en su día por los descubridores a la reina Isabel II que la alojó en la Armería Real. Pero no acabarían ahí sus males y, en 1921 y 1936, la colección sufrió nuevos robos. Todavía hoy, permanece una porción muy importante del tesoro en el Museo de Cluny, en Paris.

La parte fundamental del tesoro de Guarrazar son las coronas votivas y las cruces. Estas joyas se colgaban sobre los altares, de acuerdo con una costumbre bizantina que siguieron los emperadores Justiniano y Mauricio en Santa Sofía de Constantinopla. Los reyes visigodos toledanos imitaron en muchos de sus actos las costumbres de Bizancio, incluso Recaredo dedicó una corona votiva en San Félix de Gerona.  Cada vez que un rey moría dejaba su corona y escribían en ella su nombre y descripción o figura, el periodo que reinó y el tiempo que vivió.

En el tesoro de Guarrazar las dos coronas de mayor riqueza llevan suspendidas letras sueltas con los nombres de los monarcas Suintila y Recesvinto, por lo que se supone que estuvieron situadas primitivamente en alguna iglesia de Toledo, junto con el resto de las piezas que fueron recogidas y ocultadas con motivo de la invasión musulmana en el año 711.

 

 

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