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Inspirada en una pieza encontrada en el yacimiento.

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La Cultura Visigoda

Integraron la nación de los godos pueblos diversos: hérulos, rugios, lemovios, esciros, helvecones, sidenios, turcilingos, gépidos, vándalos y otros, algunos de los cuales acabaron desapareciendo en el conjunto, mientras que otros formaron sus propios grupos. Los godos, propiamente dichos, se dividían en Theruingi (tervingos) y Greuthungi

Durante el siglo III ambos grupos, ostrogodos y visigodos, efectuaron incursiones contra el Imperio, destacando las del 251 (contra Moesia y Tracia), la del 258-259 (contra la costa del Mar Negro, Propóntide, las islas del Egeo, Éfeso, Atenas y otros puntos) y la del 269 (contra Creta, Chipre, Tesalónica y otros puntos En el año 332 celebraron un tratado con los romanos que perduró unos 35 años, fecha en que el obispo y jefe godo Ulfilas tradujo la Biblia al gótico y promovió la conversión de los godos al arrianismo, una secta oriental del cristianismo que en Occidente fue declarada herejía en el año 325 (concilio de Nicea).

Al grupo (esencialmente formado por visigodos) se le permitió asentarse en la orilla sur del Danubio y los Balcanes (Tracia y Moesia). Muchos de los que se asentaron en Moesia se convirtieron en campesinos y fueron conocidos como mesogodos. Los visigodos bajo Ataúlfo dejaron Italia (412) y fueron al sur de Galia y el norte de España. Las largas y complejas luchas de Ataúlfo para dominar el sur de las Galias le ocuparon varios años (411 a 414). Constancio logró desviar a Ataúlfo hacia Hispania (lo que le permitía conservar el sur de la Galia), y los visigodos entraron en la Tarraconense el 415. Ese mismo año Ataúlfo fue asesinado en Barcelona. Walia, su sucesor, trata de establecer a su pueblo en África, pero una tempestad da al traste con sus intenciones. Los visigodos, faltos de víveres, proponen una alianza con el Imperio romano, en nombre del cual se encargaría de combatir a los suevos, alanos, vándalos asdingos y silingos que ocupaban las provincias de Hispania, excepto la Tarraconense y a entregar a Gala Placidia; a cambio Honorio les enviaría suministros. Así, los visigodos acaban con los vándalos silingos de la Bética y los Alanos de la Lusitania, pero Honorio cambia de planes y vuelve a instalar a los visigodos en la Galia en el 418.

La cúspide del poder visigodo fue alcanzada durante el reinado de Eurico (466–484), quien completó la conquista de España, salvo la Gallaecia (en poder de los suevos hasta el 586, año que la conquistó Leovigildo). En 507, Alarico II fue derrotado en Vouillé por los francos de Clodoveo, perdiendo todas sus posesiones al norte de los Pirineos excepto la Septimania o Galia Narbonense (de población galorromana). Esta provincia, de vital importancia para el comercio de la época, se mantuvo hasta el final en poder del Reino Visigodo de Hispania. Las ciudades de Narbona y Toledo (la capital de Hispania) constituyeron los polos de la política visigoda.